lunes 15 de diciembre de 2008

La motivación

Hace unos días escribí un decálogo de virtudes, entre paréntesis del emprendedor, que Javier Belmonte alias JB ha contestado, y del que he extraído algunas conclusiones que, al mismo tiempo, mi gran amigo Jaume alias el Jau ha apuntado en su twitter.

Efectivamente, antes que poder aplicar cualquier tipo de decálogo o poder hablar sobre cualquier cosa relacionada con el emprender, hay que estar motivado e ilusionado.

JB lo aplica a uno de los puntos del decálogo: la constancia. Efectivamente la constancia no es una virtud primaria, que surja de la nada. Hay que ser constante, pero como consecuencia de algo: la motivación. Sólo es efectivo ser constante sobre algo que te motiva e ilusiona.

Pero debe ser una motivación fuerte, sana y duradera. Ante cualquier proyecto, y más si pretendes que sea de gran magnitud, vas a encontrarte problemas. Y no sólo problemas grandes y gordos, que en sí mismo ya motivan, sino problema pequeños. Pequeños, tontos, desmotivantes. Eso es lo que mata la motivación inicial.

Personalmente tengo una motivación desmesurada por las cosas que, de una forma y otra, han nacido de mí y/o junto con los que más aprecio. Desde la planificación de una excursión hasta un proyecto Web.

Cuando los demás flaquean, trato de contagiar mi optimismo tanto como puedo. Pero uno sólo puede ser contagiado cuando es propenso, cuando su motivación sigue ahí aunque esté ligeramente apartada.

Afortunadamente, tengo una gran fe en las personas que me rodean. Tanto a nivel personal como profesional, bajo la chispa de la motivación surge una verdadera magia.